Manzanares, el Edén sin Adán. (2016)

El interés en la ausencia de mi abuelo me lo sembró mi padre, que lo imaginaba con frecuencia y narraba lo poco que sabía de él en cada viaje que hicimos por el Tolima y el eje cafetero; luego con su muerte se transformó en afición. Esa compulsión de búsqueda resultó en esta catarsis que presenté como trabajo de grado.
No logré recolectar casi datos biográficos de mi abuelo, mis tías no lo recuerdan porque eran muy niñas y mi abuela a sus noventa años, nostálgica, mezcla la memoria de su hijo difunto con la de su marido asesinado en 1960.
La gente en el Gran Caldas domina las artes de la conversación, y en la variedad de mesas en las que me senté, pude ver personajes y habitar ciertas atmósferas que animan desde la colonización antioqueña el territorio cafetero. De tinto en tinto me abastecí de imágenes suficientes para arrumar en un paisaje la sensación que me provoca el luto vigente de mi abuela y la tormentosa ansiedad de mi padre en vida.
Comencé enfocada en lo masculino y en este punto del proceso veo que la figura central es femenina. Concentrada en reconstruir la historia de mi abuelo, queriendo comprender las causas y efectos de su muerte; resbalé en el modesto rol de mi abuela, dándome cuenta de que la pena con que vive desde entonces es la herida que marcó a mi papá y el desgarre que me arrebata ahora.

En la década de los sesenta las regiones del alto oriente de Caldas y el norte del Tolima juegan un papel muy importante; fue en estos pueblos de mayorías conservadoras donde algunos liberales desesperados y desangrados por la violencia del establecimiento y el bandolerismo conservador, decidieron alzarse en armas y fundar lo que se conoce como la República de Marquetalia.
Dicen que hay que llorar los dolores para aprender a vivir con ellos, y la pugna entre conservadores y liberales que dejó millares de muertos por todo el país, es en mi familia una herida invisibilizada aún por llorar. Es la misma polaridad en la que transitamos hoy con otra apariencia, otro lenguaje y otro contexto; una fuerza disruptiva que mal manejada resulta catastrófica como innumerables episodios de la historia colombiana. Darle forma a este abismo es la manera que encuentro para tolerarlo.
Este proyecto es la puesta en escena de un dolor personal que encuentra raíces en la historia colectiva, una purga genealógica que visibiliza la vivencia femenina opacada por el heroísmo patriarcal adquirido de antaño, la reivindicación de lo íntimo en la esfera pública, lo silencioso como una avalancha de lamentos estridentes.
Manzanares, antiguamente llamado Villa del Edén, quedó sepultada para mi abuela en el pasado con el tronar los siete tiros que estallaron el cráneo de mi abuelo. Ese paraje misterioso enturbiado por el olvido devino materia y esa vieja amargura se extiende en la inmensidad.


Bogotá, Marzo 26 de 2016.
Escuela de Artes Plásticas y Visuales
Universidad Nacional de Colombia

Mi mirada está tan roja

como la laguna que adornaba 

la sonrisa de  mi abuelo

el día de su muerte.

 

Tan roja 

como el libro que guarda sus memorias

y no encuentro,

como las rejas del colegio de niñas,

su corbatín Lopista,

un beso plantado en su foto

o un accidente en el Alto  'e Letras.

 

Mi mirada está tan roja,

que el color devino garra

y esa garra me desmenuza.